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China toma el control del consulado de EE.UU. en Chengdu

Tensión en aumento: Funcionarios estadounidenses a pie, con bolsas en la mano, fueron los últimos en salir, mientras la Policía contenía a las decenas de curiosos que se habían dado cita a lo largo del fin de semana para tomar fotografías frente a la puerta principal.
La bandera de Estados Unidos en su consulado en la ciudad de Chengdu (centro de China) fue arriada. De la misma salieron vehículos con matrícula diplomática, camiones de mudanzas y un autobús, con destino seguramente algún otro de los recintos diplomáticos que ese país mantiene en suelo chino. A las 10.00 en punto de la mañana hora local (las cuatro de la madrugada del lunes en la España peninsular), el momento en que expiraba el plazo que Pekín había dado para cesar las operaciones y evacuar al personal del recinto, la legación quedó cerrada, según ha confirmado el Ministerio de Asuntos Exteriores chino.
En ese instante, “las autoridades competentes chinas entraron por la puerta principal y se hicieron con el control de las instalaciones”, según ha confirmado el Ministerio en un comunicado. Los soldados chinos que habitualmente protegen las legaciones diplomáticas extranjeras se retiraron. Un grupo de funcionarios chinos, llegados en autobús, descendió y entró en el recinto. Algunos de ellos iban vestidos con EPIs (Equipos de Protección Individual), según las imágenes retransmitidas en directo por la televisión china. Otros comenzaron a guardar el acceso al edificio. Muchos trabajadores con mascarilla y guantes de plástico cubrían con una tela de color gris los letreros que identificaban el edificio como Consulado Estadounidense.
En Twitter, la cuenta de la representación diplomática estadounidense en China colgaba un vídeo con momentos de la historia de esa representación, inaugurada en 1985, y el mensaje “hoy nos despedimos del consulado estadounidense en Chengdu. Los echaremos de menos siempre”.
China ordenó el viernes cerrar el consulado estadounidense como respuesta a la exigencia similar estadounidense de clausurar el consulado chino en Houston, una determinación que se emitió el martes pasado.Los dos países se dieron respectivamente 72 horas para el cese de las operaciones en las legaciones.
Estados Unidos acusó a la representación china en Houston de ser un centro de espionaje, una acusación que devolvió Pekín al denunciar que funcionarios en el consulado estadounidense desarrollaban “cometidos que no se ajustaban a la descripción” de su puesto.
El plazo para terminar las operaciones del consulado chino en Houston había expirado el viernes. Entonces, funcionarios estadounidenses también entraron en las instalaciones diplomáticas, entre las protestas del Gobierno chino en Pekín, que indicó que había elevado una queja oficial. Los trabajos de esas instalaciones pasarán a ser asumidos por la Embajada de China en Washington.
La “crisis de los consulados” es el incidente diplomático más serio hasta el momento dentro de un deterioro generalizado de las relaciones entre los dos países, que se encuentran en el momento más bajo desde 1979, cuando ambos Gobiernos establecieron lazos plenos. Aunque las tensiones han ido en aumento desde el comienzo de la pandemia de coronavirus y el intercambio de reproches en torno al origen y la gestión de la enfermedad, se han disparado desde que China impuso una ley de Seguridad Nacional para Hong Kong que entró en vigor el 30 de junio y que Estados Unidos considera que pone fin en la práctica a la amplia autonomía del enclave.
Si ya ambos habían intercambiado expulsiones de periodistas, en las últimas semanas se han impuesto sanciones recíprocas en torno a Hong Kong, Tíbet y la región de Xinjiang -hogar de la minoría uigur, de religión musulmana-. Además, Pekín ha anunciado castigos por una nueva venta de armamento estadounidense a Taiwán, y Washington ha declarado ilegales la mayor parte de las reclamaciones territoriales de Pekín en el mar del Sur de China. El jueves, el secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo, pronunciaba un discurso en el que, con lenguaje propio de la Guerra Fría, lanzaba un llamamiento al “mundo libre” a presionar contra la “tiranía” china.

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