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El campeón que se quedó sin gloria

Se cumplen 67 años de la muerte de Jim Thorpe, protagonista de los Juegos de Estocolmo. El estadounidense, deportista versátil, obtuvo dos oros en atletismo en Suecia en 1912, pero el COI le retiró las medallas al comprobar que había jugado al béisbol por dinero.
Tuvo que superar la pérdida de su hermano gemelo cuando tenía apenas ocho años. Ya sexagenario, enfermo de cáncer y en el advenimiento de su propia muerte, ocurrida el 28 de marzo de 1953, sólo repetía: “Mis medallas, devuélvanme mis medallas”. Es que el legendario Jim Thorpe, atleta de ascendencia indígena estadounidense, siempre será recordado por su valiosa performance en los Juegos de Estocolmo de 1912, donde obtuvo el oro en decatlón y pentatlón.
Pero en plena época de celoso amateurismo, dichas medallas le fueron arrebatadas por el Comité Olímpico Internacional (COI) tras descubrir que el amerindio se había dedicado profesionalmente al béisbol un par de años antes de su participación en la cita de Suecia. Recién en 1983, al cumplirse el 30° aniversario de su fallecimiento, la máxima entidad del olimpismo devolvió las distinciones a los hijos del atleta, que se destacó tanto por su disciplina como por su versatilidad.
Dicen que Jacobus Franciscus “Jim” Thorpe, bautizado en lengua indígena Wa-Tho-Huk, que significa “Sendero Brillante”, nació el 28 de mayo de 1888 en el llamado “territorio indio” de Oklahoma. Por línea paterna era descendiente de europeos, y por la materna, de los pobladores autóctonos de Estados Unidos.
La carrera de Thorpe se inició en 1907 cuando pasó ante una pista de atletismo y superó a todos los saltadores de altura vestido de calle. No obstante, fue un deportista completo, capaz de destacar en hockey sobre hielo, boxeo, tenis, arquería, lacrosse, baloncesto, béisbol y fútbol americano. A pesar de que este último era su deporte favorito, y por el que se dio a conocer a nivel nacional, fue con el atletismo -al que se dedicaba “sólo ocasionalmente”- que consiguió fama mundial.
De hecho, el atletismo le abrió las puertas del Olimpo al vencer a todos sus rivales en las clasificatorias estadounidenses para Estocolmo 1912, donde finalmente obtuvo un puntaje en el decatlón de 8.413 puntos (marca que no sería superada en casi dos décadas) con el consecuente oro, que también lograría en pentatlón. En Suecia además participó en la final de salto en alto (quedó 4°), en la de salto en largo (7°) y terminó 5º en lanzamiento de jabalina, disciplina que nunca había practicado hasta aquel año. Tras esos Juegos, el rey Gustavo V de Suecia declaró que era “el mejor atleta del mundo”.
Pero algo llamaba la atención de la prensa deportiva estadounidense, que hurgó en los archivos de su carrera y descubrió que poco antes el joven Thorpe había jugado béisbol por dinero. Y en los albores del olimpismo existían estrictas reglas que impedían a los atletas profesionales participar en los Juegos Olímpicos, por lo que un año después el COI -acaso por presión de la Unión Atlética Amateur de los Estados Unidos (UAA)- le retiró sus medallas y el récord obtenido.
Pero lo que a Thorpe le fue negado en vida lo recibió en la posteridad, dado que en 1983, el COI, presidido por el español Juan Antonio Samaranch, devolvió los títulos olímpicos a la familia del atleta polivalente, a quien la prensa estadounidense ubica en el podio de los mejores deportistas de todos los tiempos, detrás de Babe Ruth y Michael Jordan.
El versátil Jim Thorpe dejó legado a 67 años de su muerte. Y si bien su familia pudo recuperar las medallas que en su momento le habían sido retiradas, perdió la batalla por regresar los restos del deportista al lugar donde nació. Es que la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó una apelación para mover los restos del legendario atleta olímpico desde Pennsylvania hasta las tierras tribales de la Nación Sac y Fox en Oklahoma, en concordancia a una ley de 1990 destinada a rectificar el saqueo de los cementerios nativos.
Así las cosas, Thorpe continúa descansando en un pequeño pueblo originalmente llamado Mauch Chunk, que en 1953 cambió el nombre a Jim Thorpe City, un perdido poblado de los Estados Unidos que en la actualidad no supera los cinco mil habitantes.

 

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