Opinión

Periodismo y restitución de identidades

Como resultado de un proyecto llevado adelante en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) con la intención de promover buenas prácticas periodísticas en la cobertura de casos de “restitución de identidades robadas por el terrorismo de Estado”, se acaba de publicar un libro que recoge experiencias en la materia a modo de libro/manual destinado a mostrar acciones, pero también omisiones del periodismo en la materia.
El trabajo, titulado “El rol del periodismo en la restitución de identidades” y coordinado por Mariana Baranchuk y Daniel Badenes, es una publicación conjunta de la UNQ y Abuelas de Plaza de Mayo y reúne experiencias y reflexiones sobe la labor periodística en la materia.
Pero no se trata de una crítica a las operaciones políticas que muchas veces se hacen a través de los medios como resultados del juego de intereses políticos y corporativos. Como lo expone Barancuk en la introducción “apunta a aquellas situaciones donde no se trata de una acción deliberada, sino de malas prácticas debidas al desconocimiento, a patrones de comportamiento internalizados, a la falta de precisión, a permitirse ser desbordado por la propia emoción, etc.”. En síntesis, el libro es una oportunidad para reflexionar sobre la práctica del periodismo, pero sobre todo un intento para contribuir a mejorar el servicio que las y los profesionales del campo pueden hacer, en general, al tratamiento del tema de derechos humanos y, en particular, a los procesos de restitución de identidades.
A lo largo de las páginas aparece también el valor y la importancia de la labor comunicacional de Abuelas de Plaza de Mayo, como presentación de experiencias y propuesta pedagógica a la vez.
En la línea de ofrecer además sugerencias para el ejercicio profesional el libro contiene un breve apartado con “recomendaciones para las buenas prácticas comunicacionales”. Entre otras observaciones se plantea la necesidad de comunicar desde una perspectiva de derechos humanos, poner énfasis en la responsabilidad del Estado, insistir en el derecho a la verdad y chequear la información y recurrir siempre a fuentes confiables, para lo cual también se facilitan contactos con organismos que trabajan específicamente cuestiones referidas a derechos humanos.
Entre las sugerencias para el trabajo profesional sobre restitución de identidades el texto también recomienda eludir la lógica de la primicia (“no adelantar ninguna información hasta que se haga a través de alguna de las vías oficiales”), elegir cuidadosamente la metodología y contextualizar históricamente (“el presente que se construye como noticia debe ponerse en el marco de una línea histórica”). A lo anterior se agrega la indicación de que se deben preservar “al ultranza” las causas judiciales durante la etapa de investigación, porque “no hacerlo supone entorpecer el accionar de la justicia” y respetar la privacidad para “preservar la intimidad y seguridad de las personas en proceso de restitución”.
Tales recomendaciones aparecen en el libro como una herramienta útil, para la acción y la reflexión de los profesionales de la comunicación que muchas veces están carentes de elementos prácticos, pero también de material de reflexión acerca del ejercicio de su labor en estos casos. Es también una introducción a una iniciativa que se adelanta y que promete, por parte del equipo responsable: la realización de taller dirigidos a trabajadores de prensa, comunicadores populares y estudiantes de comunicación.

Por Washington Uranga

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