Opinión

Un ninguneo mundial

El episodio de la designación de Mauricio Macri como nuevo presidente ejecutivo de la Fundación FIFA pone de relieve el absoluto aislamiento internacional que padece el fútbol argentino. En paralelo, representa un gesto de profundo desprecio a la AFA y a su presidente, Claudio “Chiqui” Tapia.
Es cierto que Macri no ha llegado hasta allí en nombre del fútbol argentino, sino de sí mismo y en virtud de su aceitadísima relación política y personal con Gianni Infantino, el presidente de la multinacional de la pelota. Tanto como que la Fundación FIFA no forma parte del staff oficial de la entidad y que el nombramiento de sus autoridades forma parte de las amplias potestades que le concede a Infantino su alto cargo. Pero hubiera sido un acto de delicadeza, sino consultarlo, al menos informarlo a Tapia de la novedad antes de que esta sea anunciada.
Infantino se sintió relevado de hacerlo. Acaso por la baja consideración que le merecen quienes circunstancialmente están al frente de una de las dos potencias futbolísticas de Sudamérica. Un país que no representa cualquier cosa, que conquistó dos campeonatos mundiales, tres subcampeonatos y que gestó a Alfredo Di Stéfano, Diego Maradona y Lionel Messi, tres de los cinco jugadores más grandes de la historia.
La gestión de Tapia ha aislado a la AFA de toda vinculación internacional. Las derivaciones de la final copera de 2018 entre River y Boca y la reacción patriotera del propio Tapia luego de la eliminación argentina a manos de Brasil en la última Copa América convirtieron al fútbol de nuestro país en un paria a nivel mundial. Nadie escucha y nadie respeta sus voces. En lugar de consensuar, Tapia eligió pelearse con todos. Con la Conmebol, con la FIFA y ahora, también con la Superliga. Creyó en la confrontación en vez del diálogo.
Por eso, el mundo ha decidido ningunearlo. Infantino se lo demostró imponiéndole el nombramiento de Macri. Una decisión que acaso sea la consecuencia de un estilo político que ha dejado a la Argentina ciega, sorda y muda en medio del planeta fútbol.

Por Daniel Guiñazú

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